Logan no esperó a ceremonias ni cortesías. La furia que lo envolvía era un calor oscuro que le quemaba las entrañas; sus pasos eran precisos, casi mecánicos, como los de un depredador que se prepara a rematar. Atravesó el salón en un solo impulso y, sin dudar, agarró a Zoe del cabello.
El tirón fue seco; la llevó consigo como a una presa, arrastrándola hasta la sala de interrogaciones. La madera de las paredes vibró con la violencia del movimiento, y algunos guerreros se apartaron del camino,