Logan salió de la sala de interrogatorios con el cuerpo todavía cargado de rabia. Su respiración era pesada, cada paso firme y resonante contra el piso de piedra.
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El salón principal de la manada Tormenta estaba iluminado con lámparas que temblaban bajo la corriente de aire nocturno. Allí, aguardaban varios guerreros, erguidos, tensos, con la mirada fija en él, esperando órdenes. Entre ellos, se encontraba Ethan, su hijo, un reflejo joven y fuerte de sí mismo, con los ojos plateados ardiendo