Logan corría con Mía dormida en brazos, su pecho subía y bajaba con violencia, no por el esfuerzo físico, sino por el caos en su mente.
Ella había intentado huir. Él la había alcanzado. Y ahora, con la amenaza de Owen cada vez más cerca, tenía que esconderla. Protegerla. De todos. Incluso de sí mismo.
—Lo siento —murmuró de nuevo, más para sí que para ella, como si esas dos palabras pudieran corregir todo lo que había hecho mal.
No muy lejos de allí, Owen gruñía con la furia contenida.
Había se