La habitación permanecía envuelta en una penumbra cálida, iluminada apenas por los primeros hilos de luz que se filtraban a través de las cortinas. Afuera, el mundo aún parecía dormido, y dentro, el silencio se mezclaba con el suave compás de una respiración tranquila.
Logan abrió los ojos lentamente, sin apresurarse, como si temiera romper el hechizo de ese instante. Lo primero que sintió fue el peso ligero, casi imperceptible, de Mia recostada sobre su pecho. Su cabello, esparcido como una se