El sol apenas empezaba a asomar el territorio Colmillo, el aire impregnado de humedad y del olor a tierra mojada. Owen caminaba hacia la frontera, cada paso cargado de rabia, su mente todavía ardiendo por el vacío que le había dejado la ruptura del vínculo con Mía. Ese hilo invisible que lo unió a ella había desaparecido, y lo que quedaba era un hueco insoportable que lo consumía desde dentro.
Sus puños se cerraban y abrían con violencia. El pecho le subía y bajaba como si hubiera corrido kiló