Mundo ficciónIniciar sesiónEl aullido no era de guerra; era el lamento seco de un linaje que se extinguía. En el mundo de las manadas ancestrales, la fuerza y la sangre lo eran todo los Sol Ceniza habían reinado sobre los Bosques de Obsidiana durante siglos, un faro de nobleza que se creía inquebrantable pero el poder es una espada de doble filo, y la envidia, un veneno lento, el ataque del despiadado Alpha Krag no solo había diezmado a la realeza, sino que había destrozado el corazón de la manada, dejando tras de sí solo ceniza y silencio. Lyra—la última heredera, la última hija de Faelan—logró escapar gracias al sacrificio final de sus tres hermanos trillizos, cuyo último aliento fue un grito para que ella viviera, criada para reinar en la luz, Lyra fue arrojada a la oscuridad, sobreviviendo solo con la ropa rasgada y el recuerdo de la sangre que empapó el Valle de la Siega. Ahora, sola y despojada, Lyra no carga con un trono, sino con un juramento: recuperar su tierra, vengar a su familia y castigar a la manada cobarde que la entregó su viaje la lleva a un cementerio de memorias donde encuentra una figura sombría: Kael, el Alpha de la temida Manada de la Sombra de Acero poderoso, frío y temido, Kael no ofrece consuelo, sino un trato, un trato que la condena a un infierno de tensión política y deseo prohibido pues Kael, su mate destinado, está comprometido con otra, utilizando el poder para cimentar una alianza que su instinto lucha por romper, en un mundo donde el destino se ha confundido con la política y la supervivencia, Lyra debe aprender a luchar con garras que nunca usó y a navegar por la traición.
Leer másKaelNunca he sido un hombre que le tema a la oscuridad. He nacido de ella, me he alimentado de sus silencios y la he usado como mi arma más letal. Pero cuando vi a Lyra mi vida, mi luz, mi Alpha desplomarse en mis brazos con la sangre brotando de sus ojos y nariz como un manantial de sacrificio, sentí un miedo que ninguna sombra pudo ocultar.Corrí por los pasillos de la ciudadela ignorando el peso de mis propios pulmones ardiendo. Mis garras estaban enterradas en su costado, no por agresión, sino por la desesperación de mantenerla unida a este mundo. El rastro de su sangre iba marcando el suelo de piedra, un camino carmesí que gritaba mi fracaso como Mate.— ¡Helena! —rugí al entrar en la enfermería, derribando la puerta de un golpe que hizo vibrar las paredes de cristal—. ¡Helena, ayúdala!La sanadora no hizo preguntas. Su rostro se puso pálido al ver el estado de Lyra, pero sus manos se movieron con la precisión de quien ha desafiado a la muerte mil veces. Me obligaron a soltarla.
LyraLa paz de la madrugada era un espejismo. Apenas unas horas después de habernos entregado el uno al otro, cuando el calor de Kael a mi lado todavía era mi único refugio contra el mundo, el aire en la habitación cambió. No fue un ruido, ni un movimiento. Fue un olor. Un aroma a flores podridas y tierra húmeda de cementerio que se filtró por debajo de la puerta, serpenteando hacia nosotros como una serpiente invisible.Me desperté con una punzada en el pecho tan violenta que me hizo doblarme sobre la cama. A mi lado, Kael soltó un alarido ronco, un sonido de agonía que nunca le había escuchado. Se llevó las manos a la base del cuello, justo donde nuestra marca de Mate brillaba con una luz negra y errática, como si estuviera siendo quemada con ácido.— ¡Kael! —grité, pero mi propia voz se quebró.Un dolor punzante, como si mil agujas de plata estuvieran atravesando mi columna vertebral, me dejó sin aliento. A través del lazo, sentí el alma de Kael desgarrándose. No era un ataque físi
LyraLa puerta se cerró y con ella murió el resto del mundo. El silencio de la habitación no era vacío; estaba saturado, denso, cargado con una electricidad que hacía que el aire pesara como el plomo. Kael no se movió de la entrada, pero su mirada dorada me recorrió con una lentitud que me hizo arder antes de que me tocara. Me sentía expuesta, pero no vulnerable; mi sangre, imbuida con la purificación y el calor de mi linaje, latía con una urgencia que nunca antes había experimentado.Mis hermanos, la manada, los traidores... todo se desvaneció, dejando solo el pulso rítmico de mi propio deseo. Caminé hacia él, y cada paso era una rendición voluntaria. Cuando estuve a centímetros de su cuerpo, el calor que emanaba de su piel me golpeó como una ola. Kael dio un paso al frente, invadiendo mi espacio personal, y me tomó de la cintura. Sus manos eran enormes, calientes y posesivas, presionándome contra la dureza de su torso desnudo.— No tienes idea de lo que me haces, Lyra —gruñó, y s
LyraEl silencio en mi despacho después de descubrir los documentos era tan pesado que podía oír el chisporroteo de las velas consumiéndose. Kael permanecía frente a mí, con el uniforme aún manchado por la sangre de la incursión nocturna. Mis hermanos, Castian y Caelum, estaban apoyados contra la pared, observándonos. La revelación de que medio Consejo de Alphas había orquestado la caída de mi familia había abierto una herida que creía cicatrizada, pero lo que Kael dijo a continuación fue lo que terminó de cambiar el aire en la habitación.— No solo fui por los documentos, Lyra —dijo Kael, su voz grave y desprovista de arrepentimiento—. Los tres generales que quedaban en la fortaleza de la Sombra de Acero, los que todavía le juraban lealtad a Dorian y que participaron activamente en la masacre de tu hogar... están muertos. Los ejecuté yo mismo antes de salir. No podía pedirle a mi antigua manada que te siguiera si todavía tenían a esos perros dándoles órdenes.Un escalofrío me reco
LyraDesperté sobresaltada, con el corazón martilleando contra mis costillas como un pájaro enjaulado. La habitación estaba sumida en una oscuridad casi absoluta, interrumpida únicamente por el suave resplandor dorado del escudo que mi hijo seguía proyectando a mi alrededor mientras dormía pero había algo mal. El aire se sentía vacío.Alargué la mano hacia el otro lado de la cama, buscando el calor familiar de Kael, pero mis dedos solo encontraron las sábanas frías. Se había ido.No era extraño que Kael se levantara de madrugada para supervisar las guardias, pero esta vez el lazo de Mate no me devolvía su calma habitual. A través de nuestra conexión, me llegaba un eco de adrenalina pura, un pulso de violencia contenida y una determinación tan gélida que me hizo estremecer. Intenté llamarlo mentalmente, pero encontré un muro. Kael estaba bloqueando el lazo, algo que solo hacía cuando estaba entrando en combate o cuando no quería que yo sintiera su dolor.— ¿Qué estás haciendo, Kael? —s
LyraLa noche había caído sobre la ciudadela con una pesadez inusual. El entrenamiento de la Guardia Solar y el esfuerzo por mantener la moral de la manada me habían dejado exhausta, pero no era un cansancio común. Sentía una vibración bajo mi piel, un zumbido constante que parecía nacer desde el centro de mi ser y extenderse hacia las extremidades como hilos de electricidad dorada.Me encontraba en mis aposentos, tratando de desatar las correas de cuero de mi corpiño, cuando una punzada de calor intenso emanó desde mi vientre. No fue doloroso, sino expansivo. Fue como si un sol en miniatura hubiera decidido estirarse dentro de mí.— ¿Lyra? —la voz de Kael llegó desde la puerta. Entró con dos tazas de té de hierbas, pero se detuvo en seco apenas cruzó el umbral.— ¿Qué pasa? —pregunté, girándome hacia él.Kael dejó caer las tazas sobre la mesa de madera, el sonido de la cerámica rompiéndose apenas audible frente al fenómeno que estaba presenciando. Sus ojos dorados estaban fijos no e
Último capítulo