El viejo astil se arrepintió de haberla rechazado. Lo supe yo y cuantos miraban la escena para no perderse un solo detalle.
Regresé a la mesa para compartir con el rey y juntos nos reímos de su protector, que estaba totalmente hechizado por la encantadora bailarina, sin embargo no pude disfrutar tanto como quería, ya que mi esposo abandonó la mesa súbitamente, al igual que el astil de la tierra, cuya capa enjoyada reposaba en mi asiento. Los dos hombres seguramente tendrían que saludar a alguno