Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn un mundo donde el poder se hereda con sangre y se defiende con deseo, dos hermanos no solo se disputan un liderazgo… Sino a la mujer que puede destruirlos a ambos. Jasemin es una joven noble que jamás aprendió a obedecer. Marcada por el desprecio hacia un sistema que la sofoca, termina cometiendo el mayor error de su vida: abrir la boca frente al hombre equivocado. En un instante, una mirada basta para encender una guerra cuando Jasemin rechaza una propuesta delante de toda la nobleza, desafiando a Aaron en su propio juego, y despertando una obsesión tan peligrosa como su ambición. Y en el intento por escapar de su sombra, acepta el resguardo de Malek, sin saber que ha caído justo en el centro del conflicto entre dos fuerzas destinadas a destruirse. Entre alianzas crueles, pactos de poder y pasiones tan peligrosas como la sangre que las alimenta, Jasemin descubrirá que hay hombres que arden... Y otros que te arrastran al fuego con ellos. Un rey que quiere protegerla… y un monstruo que no piensa cederla, así que Jasemin deberá decidir si puede escapar del abismo, o si ya es demasiado tarde para no amar lo que podría destruirla. SERIE PERVERSOS.
Ler maisRadin Año 977 A.C. Una semana después de la coronación.
Jasemin.
No quería ir.
Me miré en el espejo una vez más, con el corsé apretado hasta los huesos y el cabello recogido como si estuviera lista para ser subastada. El vestido dorado que mamá eligió para mí brillaba como un premio… solo que yo no había ganado nada.
Y no tenía ninguna intención de agradar a nadie.
“Es solo una cena, Jasemin. No vas a pelear una guerra, vas a mostrarte.”
Como si ser exhibida frente a la realeza no fuera una forma sutil de sacrificio.
Desde la coronación del rey Malek, todo Radin parecía un tablero brillante en donde los peones llevaban perlas en lugar de espadas.
Esta noche, los nobles con títulos, tierras y poder habían sido invitados a una cena privada. Era el momento ideal para presumir a sus hijas frente al nuevo rey… y también, frente a su hermano, el visitante más temido de todos.
Aaron… El hombre que no necesitaba una corona para infundir respeto, el que no gobernaba un trono… sino el miedo.
Después de una semana de esa coronación del rey de Radin, yo todavía tenía los dedos entumecidos y las marcas invisibles en los brazos. De todas las personas en el mundo, a mí, exactamente me había tocado la maldición de chocar con los ángeles caídos.
Y para colmo de mi desgracia, estaba a nada de asistir a la famosa reunión de nobles, que sería el circo para presumir a sus hijas no solo delante de la realeza, sino de cualquier hombre con título que viera una que le interesara para escoger.
¿En qué punto de la historia llegábamos a esto?
—Deja de fruncir el ceño —dijo Amal, mi hermana desde el umbral, acomodándose su peineta de perlas con delicadeza—. Te saldrán arrugas y luego dirás que es culpa de la familia también.
—Es culpa de la familia —repliqué sin mirarla.
Ella rió suave, con ese tono que usaba cuando se sentía por encima de mí. Me llevaba tres años, y eso la hacía creer superior.
Pero ella era siempre perfecta, siempre dispuesta y orgullosa de hacer lo que se esperaba de una hija noble.
—No es el fin del mundo, es una cena con la realeza, y una de las más importantes para muchas de nosotras. Todos los hombres importantes del reino estarán allí, eso, sin contar a… tu ya sabes… —dijo mientras se ajustaba su vestido celeste.
Más recatada, más elegante y más... adecuada.
Me levanté con torpeza, el vestido me hacía sentir prisionera.
—Una cena para presumir hijas como carne fresca.
—Una cena para asegurar el futuro —me corrigió ella—. Mamá dice que el nuevo rey es muy cortés, y ya lo vimos en su coronación, se parece a la reina Hadassa, creo que sacó su carácter, eso es bueno para Radin. Y Aarón… bueno, Aarón es Aarón, digno de Babel.
La sola mención de su nombre me hizo girar el rostro.
—¿Sabes lo que dicen de él, Amal?
—Ehhhhhh… ¿qué tiene mucho poder?
—Que no tiene alma —la corté de forma grosera—. Que gobierna con puño de hierro y que en Babel nadie sonríe sin su permiso.
Amal se encogió de hombros y me sonrió como una tonta.
—¿No lo viste con tus propios ojos? ¡Por Dios, Jasemin!, es una escultura… oscura, pero, aun así, todas quieren casarse con él… ¿Eso dice algo no?
—Sí. Que la estupidez es contagiosa…
***
El carruaje nos dejó frente al palacio. Ya desde fuera se sentía el murmullo elegante de la élite respirando poder.
El palacio estaba vestido de gala. Mármol pulido, columnas que se alzaban como juramentos y candelabros que ardían como si imitaran el cielo. A cada paso que daba, podía sentir las miradas de otras chicas, todas cubiertas de terciopelo, perfume caro y ambición.
Sabía lo que buscaban.
Sabía por qué sonreían tan amplias, por qué se inclinaban tan bajo frente a los príncipes. Querían ser escogidas, ser reinas, ser consorte, ser algo.
Y yo…
Yo solo quería que terminara.
Mis padres se movían como peces en el agua. Saludaban, reían, y me presentaban como a mi hermana.
A mi lado, Amal sonreía con dulzura a cada noble que se cruzaba. Mi madre nos guiaba como si fuéramos joyas expuestas, y mi padre caminaba con ese orgullo inflado que solo mostraba cuando creía que estaba triunfando.
—Recuerda inclinarte con gracia si el rey Malek te dirige la palabra —me susurró mamá con una sonrisa que no sabía cómo estaba sosteniendo—. Y por favor, no contestes con ironías. Esta noche no es para eso.
—¿Y para qué es? —pregunté entre dientes.
—Para no quedar relegadas al olvido, Jasemin —mi madre apretó sus palabras un poco enojada, mientras Amal me tomó del brazo con suavidad.
—Solo relájate, te ves preciosa, hasta tú puedes parecer dócil esta noche.
Tragué el veneno, sonreí de lado y luego lo sentí, como un cambio de temperatura y un silencio que no pertenecía a esa sala. Tuve miedo de girarme, pero lo hice y como si la maldición me persiguiera, sus ojos estaban en mí.
Aaron… Vestido de negro absoluto, sin brocados, sin joyas, sin necesidad de nada que lo adornara. Estaba de pie en el extremo del salón, solo, con una copa entre los dedos, mientras observaba a todos con esa expresión de quien ya sabe cómo termina cada jugada.
Era hermoso, sí, pero no de forma convencional. Su rostro era afilado, como si hubiera sido tallado con rabia, y su boca parecía esbozar una sonrisa perpetuamente contenida. Y sus ojos… Dios… sus ojos eran el abismo.
Aaron se parecía mucho a su padre, mientras Malek tenía más facciones de la reina.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, supe que él ya me había visto mucho antes, tal vez desde que entré, o tal vez desde siempre.
Él no sonrió, no hizo gesto alguno, pero me sentí desnuda bajo esa mirada, no como mujer… sino como presa, pero no aparté los ojos, aunque me ardieran y aunque sintiera que no podía respirar.
—Ahí está —susurró Amal deslumbrada—. Dicen que es mucho más atractivo en persona…
—¿Atractivo? —bufé—. Es un cuervo vestido de rey.
—Pero uno que puede darte un imperio si te elige.
—Prefiero mi libertad.
Amal no respondió. Tal vez no comprendía que algunas coronas son solo jaulas más doradas.
Me giré en el instante y vi al rey Malek conversando con una sonrisa. Él, en cambio, era otra cosa. Su porte era elegante, noble. Sonreía a todos con esa serenidad que envolvía, no que amenazaba, y cuando se acercó a saludar a mi padre, su presencia no me oprimió el pecho.
Malek tenía ese tipo de presencia que imponía sin aplastar. El tipo de hombre que el pueblo amaría y el tipo que las madres quisieran para sus hijas.
—Señor Almer —saludó con cortesía—. Damas.
Mi padre sonrió orgulloso y nos presentó.
—Mis hijas: Amal, la mayor… y Jasemin…
Jasemin.Los gritos comenzaron cuando el cielo todavía estaba oscuro.Al principio pensé que formaban parte de un sueño. Una mezcla extraña entre recuerdos, miedo y agotamiento. Hacía días que apenas lograba dormir y cuando lo hacía despertaba poco después con el corazón acelerado, como si algo invisible me estuviera persiguiendo incluso dentro de mis propios pensamientos.Pero esta vez era diferente.Abrí los ojos y los volví a escuchar.Pasos, voces, puertas abriéndose y personas corriendo por los corredores.Me incorporé inmediatamente sobre la cama. El silencio habitual del palacio había desaparecido y algo estaba ocurriendo… Algo importante, algo capaz de despertar a todo Babel antes del amanecer.Me puse de pie tan rápido que casi tropecé con la tela del vestido. Ni siquiera me preocupé por mi aspecto. Salí de la habitación mientras las voces aumentaban a medida que avanzaba por los pasillos.Todos caminaban deprisa, todos parecían dirigirse hacia el mismo lugar.Sentí el corazó
Jasemin.Esa mañana que todos estaban esperando, incluso yo, llegó más rápido de lo que pensaba. Me encontraba caminando junto a Haza por una de las galerías cuando los cuernos resonaron sobre las murallas.Eran cuernos de llegada, muy parecidos a los de la partida de Aaron y las dos nos detuvimos al mismo tiempo.—Han llegado —murmuró Haza y su voz cambió por completo.La observé, por primera vez parecía nerviosa y noté como aceleró el paso.Cuando alcanzamos el patio principal, prácticamente todo el palacio ya estaba reunido allí. Guardias, sirvientes, consejeros y nobles, todos observando la enorme caravana que atravesaba las puertas de Babel.La recepción era extrañamente fría y tensa, nadie sonreía y nadie parecía tener ganas de celebrar nada, porque todos sabían por qué estaban allí.No era una visita regular, literalmente era una búsqueda.El carruaje principal se detuvo en medio del patio y antes de que los sirvientes terminaran de abrir las puertas, Hadassa descendió.No pare
Jasemin.No dormí ni una sola hora.Cada vez que cerraba los ojos volvía al harén. Volvía a aquellas malditas cortinas, al humo, a las copas derramadas y a la forma en que Aarón me había mirado antes de marcharse. Intenté rezar. Intenté pensar en Malek. Intenté convencerme de que todo aquello había sido un error provocado por el miedo y el agotamiento.No funcionó.Cuando el primer cuerno de guerra resonó sobre Babel, yo seguía sentada junto a la ventana. El sonido fue tan fuerte que hizo vibrar los cristales y después llegó otro y otro.Entonces el palacio entero despertó.Escuché pasos corriendo por los corredores, órdenes militares y el ruido de armaduras chocando unas contra otras.Entonces decidí salir a los pasillos cuando una de las sirvientas estaba anunciándole a otra.—El rey está partiendo esta mañana —Mi pecho se tensó de inmediato.Maldito fuera, maldito fuera mil veces. Ni siquiera estaba allí y seguía provocándome aquello.Me escondí un poco cuando ellas miraron por los
Jasemin.El silencio después de sus palabras fue insoportable.Mi cuerpo entero reaccionó como si esa voz me hubiera atravesado directamente por dentro. Sentí un escalofrío lento recorrerme la espalda mientras seguía dándole la espalda, inmóvil, con la respiración completamente destruida.Las mujeres del harén seguían observándonos, podía sentirlo.El humo seguía moviéndose lentamente entre las telas doradas, las velas seguían ardiendo y la música apenas murmuraba en algún rincón lejano, pero toda la atención de aquella sala estaba sobre nosotros.Sobre mí y sobre la forma en que Aarón me estaba mirando.Cerré los ojos un segundo intentando recomponerme, no podía permitir que siguiera haciéndome esto. No podía seguir perdiendo el control cada vez que él se acercaba demasiado.Así que me giré lentamente otra vez.—No vine aquí para tus juegos, solo quería aclarar varios puntos antes de que te vayas. No soy una cobarde.Aarón seguía de pie frente a mí, enorme bajo la luz oscura del haré





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