Mi único alivio fue que ninguna de las doncellas estaba presente, sin embargo, no ignoraba que ese sueño no era más que la culpa que sentía, por haber rechazado a Rownan, cuando tuve la oportunidad de devorarlo. Ahora lo extrañaba, lo necesitaba y hasta sentí deseos de llorar por haberme despertado.
—Majestad— me llamó Dinné, asomándose a la puerta—. El señor Nádor de Hilyhia pide audiencia.
Acepté con un gesto y me incorporé, pero una punzada recorrió mi espalda, haciéndome maldecir a ese inop