Los brazos de mi esposo me abandonaron, quise reclamarle un poco más de calor y al abrir los ojos, descubrí que no estaba en el jardín, sino frente al panteón donde descansaba una escultura enorme.
Me incorporé, limpiándome el traje donde se adherían las hojas secas de los arbustos y caminé hacia las figuras inmóviles que representaban a mi madre y a mis hermanos, pero entre ellos estaba yo, con la espada de madera en alto y los rasgos deteriorados por el tiempo.
Intenté regresar al refugio cál