Es a él a quien le debo ser capaz de enfrentar a los asesinos sin que el miedo me debilite, porque, aunque tú ya eras el rey del pueblo, antes de recuperar Áthaldar, era a mí a quien seguían intentando asesinar cada día.
—Debió ser una infancia terrible.
—Lo fue— coincidí—. Pero ahora estamos juntos y podemos cambiar el futuro.
Ambos nos echamos a reír y me adelanté para tocar el lienzo en el que se recogía mi imagen, pero los guardias anunciaron al astil del fuego, que pedía audiencia a su ma