Durante los tres meses siguientes, me preparé con esmero, estudié la situación de Áthaldar y a nuestros enemigos. No soportaba sentirme inútil, así que además de ocuparme ayudando a los necesitados y enfermos, procuré reorganizar las rutas de comercio, para asegurar que las provisiones continuaran llegando a los campamentos, sin que corrieran el peligro de ser robadas por los bárbaros.
Cada mañana recibía a las guerreras, que me informaban de los pasos que mi esposo daba, así como los de nuestr