La batalla contra Malvora no había terminado con su dispersión. Era diferente a todo lo que habían enfrentado —no había garras ni colmillos, sino una lucha en el plano mental donde la realidad misma era maleable.
Aunque la forma física de Malvora se había disipado, su presencia mental permanecía, infiltrándose en las mentes del grupo como veneno invisible. Los guerreros que habían sido liberados comenzaron a mostrar efectos residuales del control —pesadillas compartidas, momentos donde sus ojos