Helena buscó en su mente otra solución.Quitar el olor a sangre fue difícil, no podía simplemente rociarle vinagre encima. A no ser que se frotara en él y dejara algún rastro para que los demás confundieran ese olor con la sangre virginal, si es que eran tontos como para no se dieran cuenta.Su marido vio cada una de sus reacciones. Helena, con vergüenza, no se le ocurrió nada, se sintió tan inútil. Ella lo miró, se arrepintió, y Russell casi pareció asesinarla con la mirada. Helena, derrotada, cerró la boca y esquivó su mirada. Él la fulminó con la mirada una última vez y Helena accedió a dejarle algunas marcas.Ella vio el cuerpo y pensó en qué hacer.―Haz un chupetón ―ordenó. El tono frío de su voz, fue capaz de apagar cualquier llama.Revisó cada lugar, así que optó por lugares visibles. Fue hacia su cuello, pero no pudo alcanzar a pesar de medir uno punto siete metros. Él, como el amargado que fue, se agachó y ella lo sujetó por los hombros. Chupó con todas sus fuerzas, aprovechó
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