La loba abrió los ojos.
Con lentitud retomó el control de su cuerpo. Bostezó abriendo su hocico y estiró las patas delanteras con pereza sobre su nido. Un día más en ese extraño lugar.
Olfateó el entorno, al principio sintió el peligro a su alrededor y se defendió con todo lo que pudo de unas criaturas lampiñas que no pararon de acercarse.
Afortunadamente, la dejaron en paz luego de darles unas mordidas, excepto una.
Por alguna razón esa hembra fue paciente con ella y su fragancia le dio una c