Lena se quedó sentada en el rígido asiento de la sala de espera, sintiendo que el frío del hospital se le metía en los huesos a pesar de la calefacción. El silencio era casi total, solo roto por el murmullo lejano de alguna máquina y los pasos pesados de Eiden, que seguía afuera, caminando sobre la nieve mientras intentaba contactar con Thea. A su lado, Reyk se mantenía rígido. El guerrero no parecía cómodo en aquel entorno lleno de debilidad humana y olor a medicina; para un lobo como él, los