La puerta de la zona de quirófanos se abrió con un sonido metálico que hizo que los tres se pusieran en pie de un salto. Una enfermera de mediana edad, con el uniforme azul arrugado y cara de cansancio extremo, salió con un portapapeles en la mano. No llegó a dar dos pasos cuando Eiden y Reyk ya estaban encima de ella, rodeándola como dos sombras gigantescas.
—¿Cómo está? ¿Ya terminó la operación? —soltó Eiden con la voz ronca.
—¿Se va a poner bien? —preguntó Reyk al mismo tiempo, dando un paso