Reyk, lobo de la manada azuleja.
El jet ya estaba encendido cuando subimos.
Las luces del pasillo eran bajas. Afuera hacía frío. Podía oler el bosque incluso desde la escalerilla.
El piloto no se movió. Se quedó en su asiento, concentrado. Lena lo había contratado y le había dejado claro que no bajaría del avión “bajo ninguna circunstancia”.
Leo subió primero.
Yo fui detrás.
Eiden entró de último.
No me gustó.
No me gustó que viniera.
—No confío en ti —le dije antes de que se sentara.
Eiden me