Reyk Azuleja
La ciudad se veía muerta desde lejos.
Humo bajo. Casas abiertas. Antorchas apagadas.
Calles llenas de cuerpos. Cadáveres en la plaza. Cuerpos amontonados junto al mercado. Sangre en los adoquines.
Eiden frenó. Levantó la mano.
Nos tiramos detrás de un muro derruido.
Leo a mi derecha. Yo en el centro. Eiden al frente, quieto.
El si parecía un jodido soldado aunque me costara admitirlo.
—¿Que?—inquerí.
—No están aquí. Ya no. —Murmuró
—Están todos aniquilados. Daren y sus lobos huec