El olor del café llenaba la cocina.
Era raro sentir algo tan normal después de tantos días huyendo.
Reyk estaba sentado frente a mí. Llevaba la misma chaqueta negra desde el rescate. Sus manos, grandes y llenas de cicatrices, temblaban ligeramente al sostener la taza.
—No aguanto más, Alana —dijo sin rodeos.
—Reyk…
—Demasiada sangre —interrumpió, con la mirada clavada en la mesa—.
Veer está muerto. Pierre sigue desaparecido. Y Deerk… no sabemos si sigue con vida.
Padre está en el Cántaro, medio