Respiré hondo y tomé un cuarto libro. Más pequeño. El lomo decía “Pozos”. Lo abrí. Encontré un dibujo simple, un mapa hecho de puntos y líneas. Seis círculos con números. Debajo, un texto corto que entendí fácil:
“Los Seis Pozos no son lagos ni huecos. Son puertas. Están debajo de todo. Se alcanzan por sangre, piedra y aullido. Se abren por llave doble: hierro jurado y luna impar. Si se abren mal, todo cambia.”
Golpeé la mesa con los dedos.
—Siempre hablan claro cuando no hace falta —dije.
—Hay