—No te he preguntado cómo te llamas —le dije.
La chica sonrió apenas.
—Meyra Kol —respondió—. Mis padres fueron lobos del norte. Los mataron los Sombra de Hierro cuando yo era niña.
—Lo siento —dije.
Ella negó con la cabeza.
—No me pidas perdón. Todos perdimos algo.
—Te entiendo —respondí, aunque no supe si lo decía por ella o por mí.
Después de eso no hablamos más.
Solo pensaba en mi familia.
En mis hermanos.
En mi padre.
No tenía fuerzas para pensar en Daren.
Meyra me llevó por un pasill