El ambiente en el jardín era irrespirable. El olor a ozono, sangre fresca y tierra removida se mezclaba con el frío cortante de la nieve que empezaba a caer con más fuerza. Eiden permanecía en el suelo, con la mirada perdida en el dosel de los árboles, mientras Leo y Deerk lo flanqueaban, ayudándolo a incorporarse con brusquedad. El híbrido estaba deshecho; su rostro era un mapa de hematomas y cortes que se cerraban con una lentitud exasperante debido a su estado de agotamiento.
Reyk se puso en