El aire en el pasillo del segundo nivel todavía vibraba con el rastro de la magia de Lena, un aroma a ozono y sándalo que guiaba los pasos de un Eiden que apenas sentía el suelo bajo sus botas. Entró en la habitación con el corazón martilleando contra sus costillas, temiendo que todo fuera un truco cruel de su mente o una última represalia de la bruja.
Pero allí estaba ella.
Alana estaba sentada en la cama, apoyada contra el respaldo de madera tallada. La luz de la luna se filtraba por la venta