El amanecer llegó gris y silencioso.
El humo seguía flotando sobre las ruinas como un manto espeso. El viento arrastraba cenizas que se pegaban a la piel como polvo de hueso.
Había pasado toda la noche sin dormir. No podía.
Cada vez que cerraba los ojos veía los cuerpos, las casas ardiendo, el símbolo grabado en la pared.
Deerk estaba afuera, revisando el perímetro.
Dijo que cuando el sol terminara de salir, partiríamos hacia el norte para seguir el rastro de nuestro padre.
Yo, en cambio, no po