El invierno se negaba a marcharse de Lobrenhart. Las nubes se deslizaban lentas sobre el cielo gris, cargadas de un frío que calaba hasta los huesos. Pero no era el clima lo que helaba el corazón de la manada, sino los rumores.
—Dicen que la loba roja ha reunido dos aldeas bajo su estandarte...
—¡Y que domó a una manada de duendes con su fuego!
—¡Y que es más Alfa que nuestra Luna jamás fue!
Los susurros se esparcían como viento entre los más jóvenes y los viejos por igual. Nadie hablaba en vo