El aire era más suave en esa región, pese al invierno. Un silencio solemne rodeaba la aldea de Arvellum, oculta entre montañas cubiertas de niebla y árboles altos que parecían susurrar secretos antiguos. Aeryn desmontó con la misma gracia que un Alfa real. Su túnica oscura ondeaba a su paso, y su mechón plateado brillaba bajo la tenue luz del cielo nublado.
A su lado, Sareth y Valzrum observaban con atención cada detalle. Detrás, los estandartes con la insignia tejida de la loba roja ondeaban