Aeryn despertó con el cuerpo enredado entre las sábanas de lino oscuro, sola. Un leve dolor delicioso se expandía desde sus caderas hasta los muslos, recordándole de forma vívida la manera en que Darien la había reclamado la noche anterior. Su piel aún parecía arder con el eco de sus caricias, sus manos firmes sujetándola mientras la llevaba al borde una y otra vez. Había algo salvaje en cómo la besó en la última embestida, murmurando su nombre como una plegaria y llenándola con su esencia cáli