El salón del consejo estaba impregnado de una tensión palpable, como si cada palabra que se dijera pudiera desatar una tormenta. Aldrik, sentado en su asiento elevado, observaba en silencio a los miembros del consejo. Algunos mantenían la mirada firme, otros intercambiaban susurrantes miradas de duda, pero todos estaban pendientes del mismo asunto: el futuro de la manada, y con ello, el nombramiento de Aeryn como Luna de Lobrenhart.
Aldrik sabía que el vínculo destinado entre Darien y Aeryn no