Cuatro días habían pasado desde el funeral de Joldar. Cuatro días en los que Darien había sido consumido por las reuniones interminables del consejo, las decisiones que debían tomarse para asegurar su futuro como Alfa, y las miradas calculadoras de los miembros de la manada que lo observaban a cada paso. El peso de la responsabilidad era aplastante, pero lo que más lo atormentaba no era la sucesión, sino la soledad que lo acompañaba en cada momento.
Por fin, la oportunidad llegó. Nadie lo vio s