El aire entre Aeryn y Darien seguía cargado, espeso con silencios incómodos y miradas que se desviaban antes de encontrarse. No dijeron nada cuando se acostaron en la cama esa noche. Aeryn intentó dormir, pero las palabras frías de Darien resonaban una y otra vez en su mente, como ecos que arañaban la confianza que habían construido.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, la tensión era palpable. Sentados frente a frente, evitaban mirarse directamente. El murmullo habitual de la fortaleza