Tras la destrucción de Brumavelo, Aldrik creyó, por un breve instante, que había alcanzado una victoria inminente. Una aldea reducida a cenizas, sobrevivientes huyendo, y un mensaje grabado en fuego dirigido a Nyrea y todo lo que ella representaba.
Pero los días siguientes demostraron que había cometido un error de juicio.
Desde su refugio en Luzargenta, las montañas dormidas del antiguo linaje de la loba roja, Aldrik rumiaba su frustración. Lo que pensó que sería una victoria definitiva no f