Las semanas pasaron como un suspiro denso sobre Lobrenhart. Desde el ataque a Brumavelo y la huida de Aldrik, la amenaza parecía haberse desvanecido en la niebla. No hubo nuevas ofensivas abiertas, ni noticias concretas de su paradero. Solo el rastro de su sombra persistía, inquietante.
Y sin embargo, la calma era solo aparente.
Cada tanto, la alarma sonaba. Un cuerno aislado, una señal de peligro en las murallas. Intentos de infiltración, figuras encapuchadas que se deshacían en ceniza al toca