Las puertas del consejo se abrieron de golpe.
El murmullo de los presentes se extinguió como una llama sin aire. Elaria apareció envuelta en una capa negra ceñida, pero imposible de ignorar era la prominencia de su vientre—tan grande como el de Nyrea, una mentira más pesada. Caminaba erguida, sin rastro de vergüenza, sus ojos buscando con precisión el rostro del Alfa.
Darién se puso de pie como un resorte, la tensión en su mandíbula fue visible incluso desde el fondo de la sala.
—¿Qué hac