La luz tenue del amanecer se colaba por la tela de la tienda, tibia, suave… y cargada de un silencio espeso, reverente. Dentro, los cuerpos descansaban entrelazados, aún cubiertos con rastros de ceniza mágica que comenzaban a desvanecerse.
Nyrea fue la primera en abrir los ojos.
El mundo volvió como un golpe sordo: el cansancio extremo, la vibración residual de la llama, el peso del poder que había invocado... y el calor.
El calor de él.
Darién.
Estaba abrazándola, como si su cuerpo l