El sol comenzaba a filtrarse entre las copas de los árboles cuando la lona de la tienda se levantó.
Darién emergió primero, flanqueado por Nyrea que, sin despegarse de él, mantenía una mano firme sobre su espalda. Aún tenía el rostro pálido y el andar pesado, pero su postura era la de un Alfa: erguido, determinado, con la mirada al frente como si desafiara al mismo destino a intentar derribarlo otra vez.
El silencio se apoderó del claro, y Kaelrik fue el primero en acercarse. Lo hizo con la