La sala del consejo de Lobrenhart volvía a llenarse, aunque ya no con el mismo peso de antaño. Las decisiones fluían sin fuerza. Las voces discutían sin rugir. Cael presidía la mesa central con la frente tensa, atendiendo a temas de vigilancia y organización interna. A su derecha, Nerysa tomaba notas sin intervenir demasiado.
Y en la esquina más sombría, como un espectro sin mandato, Aldrik Lobrenhart observaba. Nadie lo expulsaba… pero tampoco lo consultaban. Sus ojos lo decían todo: él aún s