Capítulo 25.

El despertador no fue lo que me despertó, sino el dolor.

Un ardor punzante como si mil agujas calientes se estuvieran abriendo paso a través de mis poros me obligó a abrir los ojos de golpe.

Me senté en la cama desorientada, sintiendo la almohada pegajosa contra mi mejilla.

— No... no puede ser — gemí al darme cuenta de que me había quedado dormida con el maquillaje puesto.— ¡Carajo!

Me arrastré hasta el baño y lo que vi en el espejo me provocó un escalofrío de puro terror.

El maquillaje se hab
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