Capítulo 33.
Después de habermelas arreglado para conseguir llevar de vuelta a Nicolás a su habitación sin que nadie se diera cuenta tomé un baño y logré ponerme mi uniforme de respaldo porque el otro estaba.... Ni siquiera iba a decirlo, me dio escalofríos de solo mirarlo.
Supongo que lo tendré que tirar.
Unos pisos más abajo, el chirrido de unos neumáticos de lujo anunció la llegada de la tormenta. Perla descendió del auto con la elegancia de una diva y la furia de un huracán. Se ajustó las gafas de sol,