Capítulo 30

El jardín interior era un oasis de calma que contrastaba violentamente con la esterilidad del hospital.

Caminamos despacio y mientras avanzábamos, él me hablaba de los primeros Montesco, hombres que habían sido médicos y alquimistas en tiempos donde la ciencia se confundía con la magia.

— Mi familia siempre tuvo una obsesión: la perfección del cuerpo... A veces pienso que Nicolás tiene ese mis problema en sus genes. — decía, mientras el aire fresco acariciaba mi rostro, aliviando por fin un poc
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