Capítulo 35.

El trayecto a casa se sentía como una condena. La ansiedad me apretaba la garganta y ese tirón en mi pecho, esa conexión invisible con Nicolás, tiraba de mí con tanta fuerza que me costaba respirar. Miré por la ventana las calles que me llevaban a mi antigua vida, a la seguridad fingida con Elías y a los desprecios de Perla, y simplemente no pude más.

— Cambio de ruta — le dije al taxista, con la voz entrecortada pero decidida.

— ¿A dónde, señorita? — preguntó extrañado.

— A la clínica Montesco
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