Capitulo 24.
Me quedé allí, atrapada bajo el calor de su cuerpo, sintiendo cómo su respiración se calmaba contra mi cuello. El silencio de la habitación de descanso era pesado, solo interrumpido por el lejano retumbar de la tormenta que se negaba a marcharse.
Nicolás seguía aferrado a mí con una mano entrelazada en mi cabello y la otra descansando posesivamente en mi cintura, como si temiera que fuera a desvanecerme o desaparecer en cuanto cerrara los ojos.
Ya ni siquiera quiero pensar en cómo terminamos en