Capítulo 20.

El despertador sonó cuando el mundo aún estaba sumido en una oscuridad total.

Apenas había logrado cerrar los ojos un par de horas, quizá era por el miedo de que Nicolás estuviera espiándome incluso al dormir

Afuera ni siquiera el cielo parecía haberse apiadado de mí.

Una tormenta feroz golpeaba los ventanales de mi habitación y el rugido de los truenos hacía vibrar los cristales. Me vestí mecánicamente con el uniforme, sintiendo el tejido frío contra mi piel. Esta vez me aseguré de ajustar la
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