Mundo ficciónIniciar sesiónTraicionada, humillada y condenada. Cuando Aysel estaba a punto de ser nombrada alfa, su mundo se derrumbó por completo. Acusada de un crimen que no cometió, traicionada por su propia pareja y rechazada por la manada que la vio crecer, fue condenada a muerte; pero cuando nadie la escuchó y todo parecía perdido logró huir jurando venganza a todos los que la traicionaron y humillaron. Perdida, rota y desolada Aysel descubre secretos guardados en su sangre, que cambian su panorama por completo. Ahora ya no es esa misma loba débil y humillada que escapo de aquella manada, pues lo que ha descubierto la ha hecho fuerte y ha puesto en bandeja de plata el poder necesario para cumplir la venganza que juró aquel día. Entonces regresa para dispuesta a vengarse no con garras y colmillos, sino con astucia y paciencia, porque lo que le arrebataron, lo reclamará con sangre. Porque ella no ha olvidado. Porque no es solo una loba caída… Es la pesadilla que sus traidores jamás vieron venir.
Leer másZyranEl olor a sangre seca aún flotaba en el aire cuando crucé las puertas del consejo, a pesar de que el salón había sido ventilado yo lo sentía, lo absorbía. El don de mi madre, mezclado con mi naturaleza de lobo, me permitía percibir las cosas con mayor nitidez que cualquier otro. Pero lo que más me perturbaba no era el olor a sangre, sino la esencia que lo acompañaba; una mezcla de miedo, rabia, dolor... y algo más, algo antiguo. Como si el bosque mismo se hubiera aferrado a ella.Aysel.No necesitaba verla para saber que estaba allí, desde que la trajeron malherida su presencia había estado clavada en mi mente como una espina. Una parte de mí la reconoció de inmediato. El lazo, el vínculo que nos unía era innegable. Pero no era el momento ni el lugar para eso.Me mantuve al margen durante el interrogatorio; mi madre, Thyara, como siempre leía el flujo de la energía en la habitación, observando con esa calma inquietante suya. Selith, por otro lado, no podía ocultar su desprecio y
Me encontraba sentada en medio de una gran sala, rodeada por quienes intuían era el concejo de la manada y tratando de contener lo más posible la respiración para que el olor del hombre de en medio no llegara hasta mí, no sé cuánto tiempo llevamos así, ellos observándome atentamente esperando que les cuente como fue que llegué aquí y mate a esos cuatro desterrados estando mal herida. Algunos me observaban con sospecha, otros con morbo, y unos pocos con algo parecido a duda. Como si se preguntarán si de verdad yo había sido capaz de matarlos yo sola.—¿Cuál es tu nombre? —preguntó uno de los miembros del consejo, un hombre de voz ronca y mirada severa, no respondí—. Esperamos que pueda cooperar por su propia voluntad, no nos gustaría tener que usar otro tipo de métodos para hacer que hable; pero su silencio solo lo hará más difícil para usted.—No tengo nada que decirles —respondí con frialdad. Mi voz sonaba extraña incluso para mí, más profunda, más endurecida. Ya no era la cachorra qu
El primer pensamiento que cruzó mi mente fue que estaba muerta. No había otra explicación posible para ese silencio extraño, ni para la calidez que rozaba mi piel a través de algo que no era piedra ni cadenas.Abrí los ojos con lentitud, con ese miedo constante que se clava en la espalda de quien ha sobrevivido demasiado. Esperaba oscuridad, suciedad, tal vez el hedor a sangre seca y barro que había acompañado mis días de encierro. Pero esta vez fue distinto.La celda en la que me encontraba no era como las que conocía en mi manada.Había una cama. No una manta tirada en el suelo, no una piedra a medio cubrir, sino una cama real, con un colchón delgado pero limpio, cubierto por sábanas ásperas. A un lado, una pequeña mesa de madera vieja sostenía una jarra de agua y una bandeja vacía. La ventana —sí, había una— dejaba entrar un rayo de sol cálido que acariciaba mis mejillas con una ternura que no sentía desde que mi padre estaba vivo.Barrotes, claro. No lo bastante gruesos como para
Dicen que cuando mueres por dentro, el cuerpo solo espera a que el alma se rinda.Yo ya no estoy viva.No desde que sentí la sangre tibia correr entre mis piernas y supe que mi bebé se había ido.Kai lo miró todo con indiferencia, se reía disfrutando ver cómo me retorcía del dolor mientras lo perdía No se cómo puede doler tanto, y no hablo del dolor físico porque ya mi cuerpo se siente adormecido, no se cómo mi corazón se rompe en pedazos cada vez que recuerdo el pequeño latido que escuche solamente un pocos minutos.No sabía que estaba embarazada, de haberlo sabido quizás hubiera luchado más pero ahora el hubiera ya no existe; ahora solo me queda el consuelo de que no sufrirá lo que yo estoy sufriendo en estos momentos, de que se quedó puro y sin manchar.Esa noche entendí que no hay fondo cuando el abismo tiene tu nombre grabado.No me queda nada.Ni mi futuro. Ni mi manada.Ni mi hijo.Ya ni siquiera me quedan lágrimas para llorarlo.Y aun así… todavía estoy respirando.A veces m
Último capítulo