Mundo ficciónIniciar sesión**** Esta es la historia de Santiago. Mientras la desarrollaba tuvo algunos cambios con respecto a su relación con Savannah y Alexa. Espero todo sea de su agrado. **** Santiago es un hombre que siempre ha mantenido el control de su vida, a pesar de su madre. Pero no contaba con que esta tomaría la decisión de enviar a su vida a una mujer que destruirá todo por lo que tanto había trabajado durante tantos años, destapando verdades y confrontaciones; pero sobre todo que intentará dañar a la mujer que amaba. Santiago deberá luchar junto a su amada por su amor, y por librarse del yugo de su madre, a quien lo único que siempre le ha importado es mantener el control.
Leer másEl silencio en la sala era casi palpable. Los ojos de los presentes estaban fijos en las dos mujeres, con una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Santiago observaba a su madre, sabiendo que no era solo un conflicto entre mujeres; esto era algo más grande.Algo que él tenía que resolver, pero no estaba dispuesto a tolerar más control ni manipulación. La madre de Santiago intentó replicar, pero la interrupción vino desde un rincón del salón.— Es cierto, mamá. — La voz de Santiago resonó, cortando cualquier intento de su madre de defenderse. — Ya basta. Esto ha ido demasiado lejos.Alexa, que estaba a un lado, se dio cuenta de que la situación estaba cambiando rápidamente. Creía que las cartas estaban a su favor, pero al ver la postura decidida de Santiago y la imponente presencia de la familia de Savannah, comenzó a sentirse pequeña.— Mamá, no tienes ni idea de lo que estás haciendo. — Dijo Santiago a su madre, sin alzar la voz, pero con una fuerza imparable. — Esto no es un
Horas antes de la gran fiesta, Alexa se miraba en el espejo de la habitación que le habían asignado en la mansión. Su vestido era impresionante, era un diseño exclusivo, rojo oscuro, ceñido a su figura, con detalles de encaje que resaltaban su juventud y belleza. Sonrió con satisfacción. Esta noche sería su noche.Mientras se colocaba los pendientes de diamantes que había "tomado prestados" del joyero familiar, repasaba mentalmente su plan.— Después de esta noche, —Se dijo a sí misma, sonriendo—, nadie podrá quitarme el lugar que me corresponde. Ni Savannah, ni la desaprobación de Santiago, ni siquiera la mirada desconfiada de Elías.Recordó las palabras de la madre de Santiago en una de sus conversaciones secretas, "Confía en mí, Alexa. Si juegas bien tus cartas, todo será tuyo."Y Alexa había jugado sus cartas. Había usado toda la información que había recolectado, había sembrado dudas, se había hecho ver como indispensable. La madre de Santiago estaba de su lado. O al menos eso c
A la mañana siguiente, Santiago apenas había dormido. La preocupación por Savannah seguía golpeando su pecho, pero la determinación era aún más fuerte. Elías llegó temprano a su despacho privado con un sobre en mano, sellado y confidencial. Santiago se levantó de su silla apenas lo vio entrar.— ¿Tienes algo? — Preguntó con ansiedad apenas cerraron la puerta.— Elías asintió, con una expresión seria. — El laboratorio fue rápido. Usé todos mis contactos. — Extendió el sobre hacia Santiago. — Aquí tienes los resultados.Santiago rompió el sello y comenzó a leer. Su rostro pasó de la tensión a la furia contenida en cuestión de segundos.— ¿Qué dice exactamente? — Preguntó Elías, acercándose.— Santiago apretó los papeles en su mano. — El té contenía una sustancia prohibida. No solo era un somnífero fuerte, sino que también había rastros de un agente tóxico que podría haber causado daños graves si Savannah hubiera tomado un poco más.— Elías soltó un suspiro, impactado. — ¿Estamos habland
Santiago llegó a la mansión de sus padres esa misma noche, decidido. No había lugar para más excusas ni demoras. El asunto había escalado demasiado y debido a eso Savannah casi pierde la vida, por lo tanto no descansaría hasta saber quiénes eran los responsables.Subió las escaleras con pasos firmes y fue directo al salón principal, donde su madre, Isabel, estaba sentada leyendo, como si nada hubiera pasado. Cuando lo vio, su expresión cambió, un leve gesto de incomodidad cruzó su rostro, pero lo ocultó rápidamente detrás de su acostumbrada elegancia.— Madre, tenemos que hablar. Ahora. — Dijo Santiago, sin rodeos.Isabel cerró su libro con calma, como si hubiera estado esperando ese momento.— Santiago, hijo, ¿no deberías estar con Savannah? — Preguntó con una voz suave, casi inocente.— Santiago apretó los puños. — Estoy aquí porque esto no puede esperar. — Su voz era baja, pero cargada de furia contenida—. No voy a dar más vueltas. ¿Cual es la verdadera razón por la cual trajiste
El ambiente estaba cargado de tensión y pánico. La noticia de que Savannah había sido envenenada por el té se había extendido rápidamente por la mansión, y la preocupación era palpable. Santiago no podía esperar más. No podía permitir que el tiempo se le escapara mientras Savannah estaba tan mal.Con manos temblorosas, pero decididas, Santiago se acercó a Savannah, quien todavía se encontraba inconsciente. Su rostro estaba pálido y sus ojos se mantenían cerrados, y en su expresión había una mezcla de dolor y confusión.— Savannah, aguanta... vamos a llevarte a un lugar seguro. — Dijo Santiago, su voz grave, tratando de mantener la calma.En ese momento, el médico que había examinado a Savannah se acercó rápidamente.— Debemos llevarla a la clínica de inmediato. — Dijo el médico, su tono autoritario y urgente. — Necesitamos estabilizarla. No podemos esperar más.— Santiago asintió sin pensarlo dos veces. — Vamos. — Ordenó, mientras la tomaba en sus brazos.Los miembros de la familia y
Alexa se enteró rápidamente de los planes de Santiago mucho antes de que la noche cayera. Los pasillos estaban llenos de rumores, y uno de los sirvientes, creyendo que le hacía un favor, se lo mencionó al pasar. — Parece que esta noche habrá una reunión urgente en el salón principal.No necesitaba más. Sabía que si Santiago lograba exponerla delante de todos, su pequeña farsa se derrumbaría en un instante. Tenía que actuar sin pensarlo dos veces. Decidió subir apresuradamente a su habitación, sabía que debía pensar rápido; por lo que recprdo que tenía algo preparado para un caso como este.Sin pensarlo, se acerco a una de las gavetas de su pequeña mesita de noche, de la cual sacó un pequeño frasco de líquido incoloro que había conseguido "por si las cosas se ponían feas". Nada mortal, nada que causara daño serio... solo un potente somnífero natural. Lo suficiente para alterar una noche entera.Su plan era simple; sabía que en las reuniones familiares siempre se ofrecía una jarra de
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