Me desperté antes del amanecer, con el corazón latiendo más rápido de lo habitual. La habitación estaba en penumbras, solo un hilo de luz grisácea filtrándose por las cortinas, y Camila dormía a mi lado, su respiración suave y rítmica, su cabello rojo esparcido sobre la almohada.
La observé un momento, sintiendo una oleada de algo que no podía nombrar del todo: gratitud, deseo, esperanza. Habían pasado semanas desde que empezó a vivir aquí, semanas de rutinas compartidas, de almuerzos donde la