Los tres días habían pasado volando.Supe aprovechar al máximo cada minuto a su lado y aún así no fue suficiente.La última noche cayó sobre mi como un manto de plomo. Un silencio anormal, pesado, se había apoderado de la casa. No podía estar en mi habitación, respirando esa quietud que anticipaba la ausencia. Estaba otra vez en el balcón, abrazándome a mí misma contra el frío que venía de dentro, no del exterior.
No hubo ruido de gravilla esta vez. Solo la sombra familiar que surgió de la oscur