Sus palabras me habían dejado sin respiración. Él me pedía un juramento como si fuera un sacrificio esperarlo, cuando la verdad era que si no era con él, no sería con nadie. Mis ojos buscaron la oscuridad de los suyos y vi en ellos la desesperación por mi respuesta. En verdad dudaba de mí. Dudaba de que mi amor fuera tan absoluto, tan irrevocable como el suyo. Y eso... eso me enfureció más que el decreto real.
Un fuego súbito reemplazó el frío del miedo en mis venias. Solté su solapa y le di un