—No quiero —musité, más para mí que para ellas, apretando los ojos con fuerza—. Esto es un sueño, esto no es real.Me lo repetí como un mantra, un hechizo desesperado para romper el encanto. Me pellizqué el brazo, me tiré del pelo—un dolor agudo y genuino—mientras mis dos doncellas me observaban con una mezcla de horror y piedad.—¡Voy por el doctor! —exclamó una de ellas, saliendo disparada de la habitación—. ¡Milady está muy alterada!—¡No estoy alterada, estoy… lo que viene después de alterada! —grité, frustrada. ¿Cómo podía un sueño oler a leña, doler tanto y tener sirvientas tan insistentes? En eso, mi mirada se cruzó con el espejo de cuerpo entero junto al armario. Me acerqué tambaleándome.Y ahí estaba yo. La misma de siempre. Delgada, pequeña, ojos verdes, pelo castaño. Aunque ...el pelo era una selva de rizos que no recordaba haber tenido nunca. Pero era yo. No me habían metido en el cuerpo de otra. ¿Me habían metido en mi cuerpo en otra época? —Me pasa por emborracharme con
Leer más