El segundo tiempo inició con la misma intensidad que había terminado el primero. San Martín y el equipo brasileño se trenzaban en un duelo físico y táctico que hacía que cada metro del campo costara sudor y golpes. Los brasileños jugaban con criterio, movían la pelota rápido de un lado a otro, obligando a Lautaro y a sus compañeros a correr sin parar.
Thiago bajaba casi hasta su propia área para ayudar, mientras Javier pedía calma, intentando organizar el medio. Kevin y Lucas se proyectaban por